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Primeros intentos de ayuda

Cuando preocupa algún aspecto del comportamiento del hijo, el primer paso razonable es hablar con el hijo. La comunicación puede ser todo lo que haga falta para que el hijo revele lo que le moleste. Luego, decidir la seriedad de lo que se trate. Si es algo que no precisa un plan de acción inmediato, esperar y ver si la conducta cambia por sí sola, con un poco de ayuda de los padres. La mayoría de las dificultades de la niñez se resuelven de esta forma.

Si continúan, muchos padres con buen juicio buscan el consejo de abuelos, parientes, amigos, o compañeros de trabajo. También pueden consultar la opinión del médico de cabecera o del pediatra, o buscar el consejo del sacerdote, rabino o ministro. Si el joven está en la escuela o en el jardín de infancia, los padres pueden acudir a un maestro, a un consejero escolar, o a un director de programa.

En este periodo, no es raro que los padres vayan al centro de salud mental de su comunidad o a otra clínica para hacer una consulta, sobre todo si se sienten "atascados". Muchos terapeutas indican que es mucho mas fácil "solucionar el problema de raíz" si los padres hacen la consulta antes de que ellos y el hijo se sientan agobiados.

A veces los padres tienen miedo de dar este paso porque no quieren creer que tienen un hijo "problemático". No hay nada de malo en aceptar un poco de ayuda profesional.

Si continúan las dificultades

Si continúan las dificultades después de hablar con el hijo y consultar con otros adultos, y todavía no se ha buscado ayuda externa, es importante buscar ayuda profesional antes que la dificultad eche raíces más profundas y se convierta en más difícil de tratar.

Cuando alguien diga, "no hay por qué preocuparse"

Los padres indican a menudo que los profesionales les han dicho, "Se le arreglará por sí solo. No hay por qué preocuparse". Muchos padres no dejan de preocuparse. Puede ser que tengan la sensación de que algo no vaya bien, y que tengan miedo de tomar medidas porque un "experto" les haya dicho que no hay ninguna dificultad con el hijo. Esto puede causar daño al hijo y a los padres. En la mayoría de los casos, a los niños se les puede ayudar si se hace frente a las dificultades cuanto antes.

Los padres son los que conocen mejor a sus hijos. Cuando se está verdaderamente preocupado por el hijo, y se ha oído que "no hay por qué preocuparse," lo mejor es fiarse de la intuición propia y buscar una segunda opinión.

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