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¿Necesita ayuda mi hijo?

¿Necesita ayuda mi hijo?

¡Qué bueno sería que la niñez fuese una etapa feliz, libre de dificultades o preocupaciones! Sin embargo, como usted bien sabe por su niñez o por haber criado hijos, el crecimiento es una mezcla de triunfo y fracaso, dolor y alegría, conflictos y soluciones. Por mucho que uno quiera proteger a los hijos del sufrimiento afectivo, es inevitable que pasen por momentos duros. De hecho, estos momentos son una parte necesaria e importante del crecimiento.

Los enfados, las pesadillas, los miedos irracionales, las peleas con los hermanos, el rebelarse contra los padres, todo ello se considera parte normal del desarrollo durante la niñez. Estos problemas suelen durar poco, y normalmente se puede esperar que se resuelvan como resultado del desarrollo del niño y del apoyo o disciplina de parte de los padres. Sin embargo, algunos problemas no desaparecen, incluso después de un tiempo prolongado, y otros, por su naturaleza, irritan a padres e hijos. Esto puede ser una indicación de dificultades más serias.

Pautas generales

Para ayudar a determinar si los problemas del hijo son suficientemente serios como para buscar ayuda profesional, se pueden considerar estos factores:

  • Edad del hijo.
  • Duración de la dificultad.
  • Tipo de dificultad.

Edad del hijo

La experiencia les ha enseñado a los padres y a los que trabajan con jóvenes que, a ciertas edades y por lo general, éstos luchan con dificultades afectivas o de conducta. Por ejemplo, no seria nada extraño que un niño de dos años se irritase al enfrentarse a una separación breve de uno de sus padres, o que un niñ de cuatro años se pelease a menudo con otros niños al jugar. Sin embargo, no seria normal que un niño de siete años su pusiese a llorar fuera de control al separarse de uno de los padres, o que un joven de doce años no tuviese amigos por discutir constantemente con sus compañeros de juegos. Tareas De Desarrollo Para Niñnos Y Jóvenes

Duración de la dificultad

Si el hijo ha tenido dificultades durante un periodo de tiempo relativamente largo, y ni él ni los padres han podido resolverlas o paliarlas, entonces debe preocupar más que en el caso de dificultades recientes.

Por ejemplo, si un muchacho, que antes hubiese sido buen estudiante, recibiese algunas notas bajas o suspensos al principio del tercer año de la escuela secundaria, se podría concluir razonablemente que tenía dificultad ajustándose a un ambiente escolar nuevo. Pero si siguiese recibiendo notas malas a lo largo del año, se sabría que se trataba de un problema más serio. De la misma forma, un padre no debería preocuparse demasiado de que el hijo estuviese malhumorado o deprimido durante un periodo de unos días. La preocupación debería aumentar si la depresión continuase un tiempo prolongado.

Una ExcepciÓn

Si la conducta del hijo es radicalmente diferente de su conducta "normal", esto debería servir de alerta para indicar que acaso se trate de una dificultad seria. Se debe Hablar Con El Hijo.

Tipo de dificultad

Algunas dificultades, por su carácter, son de poca importancia para los padres, incluso cuando ocurren durante largo tiempo. El que el niño se muerda las uñas, o que se chupe el pulgar, por ejemplo, rara vez es razón para que los padres busquen ayuda externa a menos que piensen que haya algo mas grave detrás de ello.

Se debe buscar ayuda para dificultades que se interfieran con la vida diaria del hijo. Por ejemplo, una conducta o costumbre lo suficientemente severa para impedir que el hijo juegue y haga frente a la vida diaria, debe tomarse en serio.

Frecuentemente, el comportamiento de un niño afecta a otros miembros de la familia de forma negativa. Cuando uno de los padres siente que las dificultades del hijo están causando sentimientos de ira o de impotencia, o cuando la dificultad parece ser causa de discusiones entre los padres, es hora de buscar ayuda profesional.

Las dificultades deben considerarse también teniendo en cuenta qué otras cosas pueden estar ocurriendo en la vida del niño. Los padres deben recordar que los niños llamados "normales" también muestran aflicción, sobre todo cuando están bajo presión, o en reacción a situaciones difíciles. Por ejemplo, no debe sorprender que un niño de cinco años empiece a mojar la cama después de un traslado o después de nacer un hermano. Sin embargo, una cosa así debería preocupar más si empezase sin ninguna razón obvia.

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